Sumergete en tu propio corazón

martes, 4 de marzo de 2014

Mil Caminos sin ti

Esta es la historia que me ha concedido el 2 premio :3   El graznido del cuervo se oyó por todo el cementerio. Una joven de unos catorce años y vestida con un sencillo vestido blanco, alzó la mirada hacía el árbol que se encontraba frente a ella. En una de las ramas sin vida reposaba un hermoso cuervo de plumaje tan azabache como su pelo o su alma según sentía ella. Volvió a bajar los ojos al suelo y ahí volvió a encontrarse con aquella sepultura que la impactaba tanto, Helena Danforth, su madre, había fallecido la tarde anterior. Aún no había podido derramar ni una sola lágrima, tal vez porque aún no daba crédito a lo que sus ojos veían o quizás porque no entendía como había podido ocurrir. Soltando un suspiro largo y triste se dio la vuelta y corrió sin mirar atrás con el graznido del cuervo en su cabeza.   Doce años después.     Carta 1: Hola mamá, sé que hace años que debería haber escrito esto para ti, para que supieras que no te olvido y que cada día me acuerdo de ti. En el fondo me cuesta expresar todo lo que he sentido y ha pasado desde que tu no estas. ¿Recuerdas lo que te gustaba verme dibujar?, cuando te fuiste no pude volver a hacerlo en mucho tiempo y aunque papá me animaba siempre para que lo hiciese, me decía que tú te alegrarías desde donde te encontrarás porque era lo que más te hacía reír, yo simplemente no podía... Hasta que vi un video tuyo en el que me llevabas en brazos y pude ver como me mirabas, como si yo fuera lo más hermoso que jamás hubieras visto. Pasó un año desde tu muerte hasta que encontré aquel DVD, papá tenía todos tus recuerdos bien cuidados y guardados. Siempre habla de ti como si aún siguieras junto a él, dice que te siente cerca, que si no hubiera sido así no podría haber seguido adelante, él que te necesitaba tanto o más que yo. Sólo puedo decirte que te quiero y que te extraño.   Carta 2: Hola Mamá, Robert me ha dicho que en la primera carta que te escribí encerré todo lo que sentía al respecto con el hecho de que nunca he podido superar tu muerte y me centrara en papá, en como él lo había pasado, es lo que tiene que tu marido sea psiquiatra y observe todo lo que haces y como lo haces. Conocí a Robert cuando entre en la universidad de Arte, increíble, ¿no? Te diría que fue un flechazo, pero mentiría. Le costó mucho esfuerzo conseguir mi atención. No fui una adolescente muy comunicativa con el resto de la humanidad que se diga. Iba a clases, pintaba, leía y escuchaba música. Lo demás era ajeno para mí porque pensaba que al final no importaba nada si la vida acababa arrebatándote aquello que más querías. Con el paso del tiempo y con mucha terapia comprendí que eso no podía seguir así. Comencé a salir, a viajar, y sobre todo a vivir. Papá  me contaba muchísimas cosas de ti, me contó  lo que te gustaba defender tus ideas por encima de lo que pensarán los demás, o como ayudabas a quien más lo necesitaba, cuando dejaste que una mujer y su marido vivieran en casa durante un par de meses cuando estabas embarazada de mí. Papá también me contó el por qué moriste… y tal vez es por ello por lo que realmente no pueda avanzar ahora. Tenías cáncer y ahora lo tengo yo.  Cuando papá me lo confesó hace  dos años que habías muerto por cáncer de páncreas, yo no me lo podía creer y aún así cuando me lo dijo, yo tuve que contarle que hacía una semana me habían diagnosticado cáncer de páncreas también. Estaba avanzado, y aunque los médicos se muestran a día de hoy entusiasmados con que podré llegar a salir  papá se echó a llorar, como aquel día tras tu entierro y me partió el corazón volver a escuchar ese llanto. Decidí luchar con toda mi alma, como tu no pudiste hacerlo; por mi marido, mi padre  y por mi hijo, Alejandro, tu nieto. Te quiero. Carta 3: Hola mamá, esta carta no la escribo directamente yo, sino Robert, no tengo fuerzas para moverme siquiera. Me gustaría poder decir que me siento bien, con ánimo pero no puedo más y me pregunto como debiste sentirte tú. Papá viene cada día a visitarme al hospital, me trae a mi precioso y pequeño hijo y entiendo esa mirada que tu me dedicabas cuando me cogías entre tus brazos. Lucho como nunca he luchado por nada en la vida, y me he dado cuenta que tengo que hacerlo por mí y tal vez por ti, porque hace mucho tiempo que no consigo sacarte de mi cabeza. Tengo mucho miedo, porque sólo quiero salir de aquí, en el que el olor cotidiano es el de la medicina y la muerte, quiero sacarme esta sensación de encima. Necesito descansar, te quiero mamá y sé que estas conmigo, dándome fuerzas allá donde estés. Carta 4: Mamá, mamá. Ayer me pasé el día entero durmiendo, sé que ha pasado una semana desde la última vez que te escribí, hoy me encuentro con más fuerzas, porque ayer te vi en mis sueños. Yo estaba caminando en el Hyde Park de Londres, observando como la gente reía y paseaba. Nadie parecía verme y cuando menos lo esperaba ahí estabas tú, un reflejo de mi misma con el pelo un poco más claro. Y mil caminos se abrieron ante mí, en los cuales pensaba que todos serían  sin ti, pero ahí estabas, con esa mirada tan tierna y profunda como si aún yo fuera un pequeño bebé entre tus brazos. Me mirabas y yo sabía que me entendías. Con tan sólo mirarte mis miedos se esfumaron, porque los miedos de mi sueño eran los mismos que sentía desde hacía mucho tiempo. Supe en aquel momento que nunca más debería tenerlo. Ahora agradezco haber soñado contigo y acordarme como si lo hubiera vivido en carne y hueso. Debería producirme dolor tal vez, porque aquello fue para mí como una señal, quizás, dentro de poco, estaré junto a ti. Mañana me operan, pero no estoy asustada. Sólo quiero que sepas que entiendo porque no quisiste preocuparme en aquel entonces y porque me dedicabas cada una de tus sonrisas contadas. Quiero que sepas que a pesar de haber tenido mil caminos sin ti, al final iré al que me lleve contigo, porque hay cosas en la vida que no se pueden controlar, y la muerte es una de ellas. Carta 5: Ella no despertó. Y yo sé que luchó con todas sus fuerzas. Le animaba pensar cada día en usted. Soy Robert y ahora que tengo que lidiar con la muerte de mi mujer, me gustaría pedirle que la cuidara ahí donde este. Sé que ella la adoraba, como mi hijo la adoraba a ella. Te echaré de menos Anna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario