Sumergete en tu propio corazón

sábado, 26 de enero de 2013

Nivel Zero Re-escrito

La desesperación, el odio y la impotencia… Pueden ser armas devastadoras en el corazón de un humano… Prólogo. Era demasiado tarde y no pudieron detenernos. Habíamos explotado hacía tiempo, pero nadie escucho nuestra rabia. Yo actué conociendo las consecuencias de mis actos, ella apenas era consciente de lo que estaba haciendo. El virus resultaba imparable y letal. En esos últimos momentos de vida sentí los pinchazos inconfundibles de cada error que había cometido, pensé en todo lo que había perdido y en todo lo que había conseguido que perdiera la humanidad. O eso creía Robert Tyson… 1. Robert Tyson. - ¡Entonces, trato hecho!.- Christian Smith le sonrío como si fuera un héroe para él. No andaba lejos de la realidad ya que, al fin, uno de sus sueños se cumpliría. ¡Al fin su empresa de laboratorios tendría un futuro mejor , podrían dedicarle más tiempo a la investigación, les darían más dinero, habría nuevo material de trabajo!. Había tantas cosas que me fascinaban… A mi, a Robert Tyson, la vida siempre me sorprendía y por eso, desde pequeño, me había fascinado la ciencia. Cada día encontraba algo nuevo, algo que poder explicar a los demás basándome en experimentos sencillos que fallaban hasta que encontrabas la fórmula correcta. Robert salió de sus ensoñaciones cuando Chris, su antiguo compañero de universidad, continuó leyendo los puntos del contrato. - Cómo ya sabes, Robert, nuestra empresa es una de las más reconocidas de toda Europa, yo sólo me encargo de ofrecer mejoras a otras empresas más pequeñas como la tuya. Compañía de Laboratorios Cass, fíjate, es la primera de mi lista y gracias a esta fusión, todos ganamos. Nuestro lema es bien claro “Todos unidos serviremos al destino”.- Christian mostraba una gran sonrisa que denotaba que estaba en su salsa, ya que hacía este tipo de contratos diariamente. No le extrañaba enfrentarse a este tipo de situaciones, siempre había sabido como embaucar a las personas, era un ganador y nunca se daba por vencido tras una derrota. -Smith, tranquilo, me has convencido en cuanto me has presentado todas las ventajas de este proyecto tan emprendedor. Si no fueras tú no habría cedido pero, sinceramente no puedo perder una oportunidad como ésta dado el estado en el que se encuentra Cassy.- agaché la cabeza para echar un vistazo a otro de los documentos sobre Leucemia Linfática Crónica que había en la mesa y devolví a Chris toda mi atención. - Tranquilo, Robert, no pienses en eso ahora, queda mucho tiempo y tenéis la ventaja de que avanza lentamente. Cassy es fuerte, podrá con esto. –posó la mano en el hombro de su amigo para apoyarle en este duro golpe. - Desde que nos dijeron que Cassandra tenía Leucemia no hemos levantado cabeza ninguno de los tres. Elisabeth se ha vuelto paranoica, supongo que por todos los casos que ha tenido en el hospital y más ahora que su hija ha caído enferma. - No te preocupes, seguro que encontráis un buen tratamiento para ella.- Decía Chris mientras se sacaba uno de sus puros. Puse un mal gesto tan sólo pensar en aquel olor y negué con la cabeza. -Bueno, Robert, debo irme, mañana comienza nuestra alianza.- y con un apretón de manos se marchó. Suspiré pesadamente como si me hubieran quitado un gran peso de encima, me notaba más ligero que nunca, tuve la sensación de que todo iba a dar un giro de 360 grados. Guardé todos los documentos que había esparcidos sobre la mesa y apagué todo, no sin antes cerciorarme de que dejaba a buen recaudo la información que había encontrado acerca de la LLC. Al salir del despacho me despedí de Evan y Victoria, unos estudiantes muy prometedores que demostraban verdadera devoción por su trabajo en la empresa. En el aparcamiento no pude evitar volver la vista hacía el edificio. Todo aquello lo había conseguido a base de esfuerzo, era una gran parte de mi vida y estaba realmente orgulloso. Esbocé una pequeña sonrisa al imaginarme cómo estaría dentro de unos meses y todo lo que avanzaría. Cogí el coche. Lo que más me gustaba de mi día a día era que no tenía que desplazarme muchos kilómetros para llegar al trabajo, ya que se encontraba cerca de casa, también a las afueras de Londres. Sin embargo, mi mujer y mi hija tenían que hacer a diario un gran trayecto para llegar a la ciudad. Llegó en quince minutos, a la misma vez que ellas, lo que le sorprendió bastante, aunque, desde luego, no pudo hacer otra cosa que alegrarse de tenerlas tan pronto en casa. Lo que para él eran buenas noticias, para ellas, no tanto. Robert observó la cara de ambas, Elisabeth cada vez tenía más ojeras porque dormía poco debido a su trabajo como supervisora de las enfermeras en el hospital. Además, la falta de sueño ante tanta preocupación no hacían sino empeorar más su estado. Cassandra cada vez estaba más pálida. Nada más entrar en casa Cassy se despidió de mí con un corto abrazo, diciendo que se encontraba cansada y que necesitaba reposar un poco. No hubo mucho tiempo para las buenas noticias, aunque saber lo ocurrido en laboratorio relajó a mi mujer, también el poder desahogarse conmigo sobre las noticias del hospital. Al parecer, según le había dicho el Oncólogo que trataba el caso de mi hija, le preocupaba el hecho de que la LLC no solía darse en casos tan jóvenes, y menos en una chica de dieciséis años, aunque existían algunos casos excepcionales que avanzaban de una manera increíble. Eso no era algo que me dejará tranquilo. Apenas cenamos y nos fuimos temprano a dormir. Antes, me pasé por la habitación de mi hija y la observe. A la luz de la luna se podían apreciar las lágrimas ya secas en su rostro. Yo pensaba que lo que más nos preocupaba al principio de todo esto era lo mal que lo pasaríamos mi mujer y yo, pero no, lo que no nos dejaba intranquilos día y noche era el saber que nuestra hija mantendría una difícil lucha contra el cáncer y que a lo mejor ni aunque pusiera toda su vida en combatirlo lo superaría. Dormimos poco esa noche pero intenté consolarme a mí mismo pensando que a la mañana siguiente me esperaba un gran día que podría otorgarnos una oportunidad. Al final el cansancio me venció y me rendí al sueño. 2.Robert Tyson. Aquella mañana me levanté con energía, sobre todo al descubrir a Cassy desayunando y hablando animadamente con su madre. Me despedí de ambas expresando todo mi amor por ellas y las dos me desearon suerte. Cuando llegué al aparcamiento observé alucinado que no quedaba ni una plaza libre. ¿Qué demonios ocurría aquí?. Dejé el coche en el mismo camino y me acerqué a Evan y Victoria los cuales discutían acaloradamente con un hombre bien trajeado y una frialdad que parecía inhumana. -¿Qué ocurre chicos?- Intenté poner un tono que aparentaba tranquilidad, todos sabían que algo iba a cambiar hoy, llevaba meses rondándome Chris con una buena propuesta para mejorar mi empresa y todos cuchicheaban al respecto. - Nos han echado!, sin más!.- Gritó indignada Victoria. Mire a Evan que me asintió. - ¿Echado?, yo soy vuestro jefe, sabéis que no podría hacer eso.- Dije incrédulo - Perdone, usted es Robert Tyson?.- Dijo el hombre que parecía un robot programado. - Sí, qué problema hay?. - Usted también debe recoger sus cosas, señor Tyson. Órdenes del jefe. – Si no fuera por el tono tan natural con el que lo decía, pensaría que me estaban gastando una broma. - No entiendo nada, Dónde ésta Christian Smith?. – susurré con un hilo de voz. - En un viaje de negocios me temo, pero yo resolveré cualquier duda que usted tenga. Un ruido nos alarmó a los tres. Las iniciales de su empresa estaban siendo sustituidas por las de la Compañía Laboratorios para el Futuro. -¿¡ Qué diablos..!?-Grité indignado. -Cálmese doctor Tyson, todo esto tiene una fácil explicación. -Dígame cual es, porque ayer estuve reunido con Christian Smith, y no decía nada de todo lo que está ocurriendo aquí. - Usted a, por decirlo de alguna manera, donado su empresa a la compañía en la que trabaja el señor Smith, yo soy el abogado, William Stevens, estaré encantado de explicárselo en privado. Salieron de allí dejando a unos pobres chicos anonadados. Cuando se alejaron unos metros, el robot que se hacía llamar William comenzó a hablar y le relató lo que ponía el contrato realmente y no lo que le había hecho creer Smith. Dejaba a total disposición de la CLF su propia empresa, a cambio de un donativo que ayer no le pareció nada mal. Christian le había mentido, tenía que haber leído con más detenimiento todo el contrato y saber exactamente que decía. Lo peor es que sabía que Christian estaba metido en todo aquello, él sabía claramente lo que se proponía. Cerdo traidor. Le dio a Stevens el teléfono de su abogado, esto no quedaría así. Qué equivocado estaba. A partir de aquel día todo empeoró. Tras hablar con todo el personal que, incrédulos no podían hacerse a la idea de marcharse de allí después de tantos años trabajando con él. Me fui a casa sin mirar al edificio de nuevo, oyendo como destruían poco a poco todo lo que había levantado de la nada. . Llegué a casa más tarde de lo habitual, aún no habían llegado Elisabeth y Cassy, así que aproveché para desahogar mi rabia en alcohol. El whisky me ayudo hasta que me levante para refrescarme un poco. Vi mi propio reflejo en el espejo y apenas llegue a reconocerme. Se me veía como un hombre derrotado por la vida, lo podía ver en mi mirada, aquellos ojos grises apagados no eran los míos, no podían serlo, las facciones se marcaban mucho más en mi rostro, parecía mucho más mayor. Preferí no observarme más, me lavé el rostro con ahínco y salí del baño. En cuanto caí en el sofá rendido, oí la llegada de mis chicas,¿ Cómo podría contarles lo ocurrido?. Cassy se abalanzó sobre mí dándome un gran abrazo. Correspondí su abrazo con gratitud y dirigí la mirada mi mujer, que se había quedado plantada en la puerta de casa, sus ojos me lo dijeron todo, aquellos ojos de color miel eran como un libro abierto para mí. Lo sabían. -¿Cómo os habéis enterado?.- Suspire. -Sois portada en el periódico.- Se acercó a mí y me beso. - No sé cómo ha podido pasar.- Dije llevándome las manos a la cabeza. - Cariño, éstas borracho, dúchate y duerme, lo necesitas. Yo tengo que volver al Hospital. Observó a su mujer, veía una determinación en su mirada que conocía muy bien, aquello no le gusto, parecía que planeaba algo que no le gustaría ni un pelo. Tardó en la ducha más de la cuenta, pero finalmente salió. Vio que su mujer ya llevaba el uniforme del trabajo y su melena pelirroja bien recogida en una coleta. -Te necesito.- Le susurre - Lo sé, pero tengo que volver. Llegaré lo más pronto posible a casa.- Aquella fortaleza renovada tan sólo era una máscara para hacerse la fuerte, aquello nos superaba a todos. Cada vez me sentía más metido en un pozo sin salida. Se marchó tras darme un suave beso en los labios. Sin pensarlo, me quite la toalla y entre en la cama, ni siquiera me quedaban fuerzas para vestirme, me sentía más identificado con el estado de desnudez en el que me hallaba. Desconecté mi mente lo más rápido que pude y con ayuda del alcohol me quede dormido. 3. Elisabeth Tyson. Terror. Eso sentía. ¿Cómo era posible?. Aquello no podía estar ocurriéndole a ellos, bastante tenían con la enfermedad de su hija. No había querido decirle a Robert que apenas les quedaba dinero, poseían una buena vida, era verdad, pero los gastos exagerados de cada mes entre la casa, los coches, el préstamo otorgado por el banco por la compañía de su marido, ahora a comenzar el tratamiento para Cassy, y .. tantas cosas. No pude evitar acordarme de aquella vez…Llegó a casa con una herida muy fea en la pierna, la cual no dejaba de sangrar, le dije que necesitaba puntos pero le tenía pánico a cualquier tipo de aguja así que tuve que engañarla para llevarla al hospital, Amy , una enfermera joven, cariñosa y muy buena compañera de trabajo, le curó la pierna con tanta ternura que mi hija apenas se enteró. Al día siguiente tuve que volver con ella, la herida seguía sangrando, había llenado todas las sábanas de sangre. Las pruebas fueron a peor al no encontrar la solución de lo que le pasaba a Cassandra, hasta que llegaron con las peores noticias que me habían dicho en mi vida. Cáncer. Había visto tantos casos, y siempre apoyábamos a los pacientes, pero hasta los pacientes más positivos sabían lo que ocurría si avanzaba la enfermedad hasta tal punto que el tratamiento te dejaba destrozado.Pisé más el acelerador al no encontrar atasco, pase volando por el barrio Notting Hill, cogiendo el camino más breve atravesando Hammersmith y en cinco minutos llegué al Fulham Palace Road. Era uno de los grandes hospitales de Londres, a mi me encantaba trabajar en aquel lugar, pero sabía lo que pasaría si no teníamos dinero para pagar el tratamiento de Cassy. Cuando entré en la sala de recepción, la cual era mi favorita por su color blanco brillante, Helena y Richard me saludaron animadamente. -Hola Elis!¿ Qué haces a estas horas por aquí?- Preguntó Richard ojeando la lista de enfermeras a las que les tocaba aquella noche guardia. - He venido a recoger varías cosas de la taquilla. – Dije mirando al suelo. -Ah!, tranquila, ve.- Les deje atendiendo a una mujer y a su marido, estaba de parto. Sonreí con nostalgia al recordar el nerviosismo cuando yo misma iba a dar a luz. Anduve por los pasillos sigilosamente, y entre en el despacho de Javier, el oncólogo. Tal vez me pase horas fisgando entre los archivos, pero por fin lo encontré. Sarah Kylver. Hacía tiempo que estaba en el hospital, era un caso parecido al de mi hija, su familia era muy adinerada y venían de Estados Unidos para pagarle el tratamiento a su hija. No tenían un seguro médico que les hiciera gratuito la asistencia médica recibida. Nosotros también teníamos ese problema, nuestro seguro médico acababa de terminar, y no había tiempo, ni dinero para renovarlo. En realidad no sabía que me proponía a hacer,¿ De qué me servía todo esto?. Ya sabía el coste que tendría tratar a Cassy, no hacía falta mirar el historial de otra paciente para saberlo. Pero ahí lo vi, su vía de escape. John Kayler. Podría suplicarle su ayuda. Intenté reaccionar pero no lo conseguí , ya que comencé a oír unos pasos que se acercaban hacía mí. Observe como había dejado todo el despacho, casi todos los archivos estaban descolocados, el ordenador de Javier estaba encendido, empecé a recogerlo todo tan rápido como pude, pero me pillaron. Javier acompañado de su interno me vieron con todos los archivos en mano. Y aunque podía ser un poco lógico que una madre desesperada hiciera algo así, yo era la supervisora de las enfermeras. Me echarían. - Elisabeth?... qué haces aquí?. Me tembló la voz cuando respondí. – Sólo venía a por el historial de mi hija. - Sabes que no tienes acceso a esa información, y mucho menos al allanamiento de mi despacho. No medio más palabra conmigo. Y mucho menos cuando le había mentido. No supliqué por seguir en un puesto que no me merecía. Ya tenía todo lo que necesitaba. Lo que no me esperaba es que llamaran a John Kayler y le contaran lo ocurrido. Les dijeron que me habían pillado con el informe médico de su hija. Se acabó, ya no querría ayudarme. Me marché, aunque los gritos de mi jefe retumbaban en mis oídos, no me importo. Me fui. Sin saber si algún día volvería. Apenas fui consciente de el regreso a casa, sólo cuando aparqué me di cuenta de que ya estaba allí. Miré la casa como si fuera la primera vez que la veía. Era hermosa, Robert y yo siempre habíamos querido un hogar así. Rústico por fuera y moderno por dentro. Lo mejor de estar a las afueras, casi a mitad de un prado, la casa resaltaba imponente para todas aquellas personas que la observaran desde cerca. Mi parte preferida siempre había sido el porche, podía pasarme horas ahí fuera observando las estrellas. Pero hoy ni ellas conseguían templarme el ánimo. Entré en casa y subí directamente a la habitación de mi hija, pero ella no estaba ahí. Pasé a la puerta de enfrente que era la habitación de mi marido y la mía. Cassy se la quiso quedar cuando creció un poco. La entendí perfectamente, las vistas eran maravillosas. Apenas se veía la carretera, Los bosques resaltaban por encima de todo. Pero aquella noche lo que me impactó más fue la imagen que observe. La que jamás se iría de mi corazón. Mi hija estaba abrazada a su padre. Hacía años que no veía una imagen igual. Sin hacer ruido me puse el pijama y apretuje con fuerza a Cassy. Todo estaría bien. O al menos eso le suplicaba a quien quiera que estuviera ahí fuera. 4.- Cassandra Tyson, Pasaron unos días muy complicados para mi familia. Jamás había visto así a mis padres. Intentaba ayudarlos cuanto podía, que era lo único que me importaba. A pesar de mi enfermedad, me sentía culpable de esta situación, procuraba mostrarme resistente ante ellos para no preocuparlos más. Pero no hizo falta. Ellos estaban al límite de sus fuerzas. Habían echado a mi madre de su trabajo, y aunque intento hablar con el hombre por el cual había arriesgado todo no sirvió de nada, pues él no pensaba mover un dedo por nuestra causa. Mi padre no pudo evitar ponerle a caldo. Aún estaba intentando olvidar todas las palabras que le dijo a ese tal John. Suspiré y me preparé para ir al instituto. Últimamente me costaba más ir, no sólo por el cansancio que me acompañaba a todas partes, si no por el hecho de cómo me trataban. Era extraño. Ahora parecía como si los repeliera a todos. Menos a Jessica, mi mejor amiga. Intentaba animarme diciendo que estaba tan guapa como siempre, que superaría esto sin ningún problema. Sonreí al acordarme de sus palabras. “Eres una princesa, hasta ese tono más pálido que tienes ahora te pega más, resalta tus pecas, y tu pelo. Tu sabes lo que haría por tener un cabello tan rojizo como el tuyo?.”No digas tonterías.-Le solté yo. Esa era la última vez que la había visto hacía una semana ya. Me miré por última vez en el espejo intentando esparcir bien el maquillaje para que se notara menos mi palidez extrema. Cuando estábamos a punto de salir de casa, sonó el teléfono de mi madre. -Cassy, por favor cógelo tú, no estoy para nadie.- me suplicó. Al segundo pitido conteste. -Hola?.-Inquirí. -Elisabeth?.Soy Tina!.- La voz animada de aquella mujer me obligo a sonreir. - No soy Elisabeth, soy su hija, Cassandra, -Oh!, lo siento mucho pequeña, tienes la misma voz de tu madre, seguro que ya sois igualitas!.- Rio la mujer. - Sería todo un placer ser como ella dentro de algunos años, pero aún soy demasiado joven!.- Bromeé. -Tienes razón, corazón. Esta por ahí tu madre?. Es importante, hace días que no sé nada de ella y tengo algo que podría interesarle, sobre todo a tu padre, pero es una sorpresa!. Subí las escaleras y sin decir una palabra le pase el teléfono a mi madre. Ella negó con la cabeza, pero yo insistí. Acabo cediendo. -Hola? -Sí, sí soy yo!. Cuánto tiempo Tina!, es una alegría escuchar tu voz. -¿Qué necesitabas? Intente escuchar, pero no se oía apenas, así que espere a la contestación de mi madre. -Es increíble, Tina!, qué suerte habéis tenido!. -Nosotros?, cómo que nosotros?. -Enserio?, tal vez todo esto deberías hablarlo con Robert, este es su campo… - Seguro que acepta, es una gran oportunidad para él. -Ah, sabes todo lo que ha pasado?. -Sí, sí.. gracias Tina. Espero que nos veamos pronto!. Mi madre colgó con una sonrisa, nos mandó a reunión a los tres y nos contó todo lo que les había ofrecido Tina. Era una investigación nueva en Estados Unidos, Death Valley, un lugar apartado del mundo en el que se estaban comenzando a investigar la llegada de varios meteoritos a la Tierra. Al parecer está expedición la financiaba una empresa y habían contratado al equipo de Tina, la cual era una investigadora impecable. Lo mejor era que tras haber estado hablando con su padre hace unos días, había propuesto a la empresa, que costeaba todo aquello, si podía pedir ayuda a su gran amigo Robert Tyson. Mis padres hablaban animadamente del tema. Aquel mismo día se irían de allí. Mi padre se tiro todo lo que quedaba de mañana hablando con aquella mujer. Por la tarde cogimos las cosas más importantes para pasar un tiempo fuera y nos largamos de Londres. A mí personalmente no me importaba mucho, tal vez era lo mejor, además si la investigación iba bien y encontraban algo de gran importancia, podría tratarme allí en Estados Unidos. Llegamos al aeropuerto con tiempo de sobra, veía a mis padres más animados, yo intentaba seguirles y mostrar mi mejor deseo de que todo fuera bien, pero cada vez me sentía más cansada. Mi madre al advertir mi desfallecimiento, soltó la mano de mi padre para agarrarme con fuerza de la cintura. Se lo agradecí. Admiraba a mi madre por lo increíble que era, aunque era de una constitución esbelta y fina, poseía una energía inimaginable para mí. Sin apenas darnos cuenta, nos llamaron para embarcar. Nada más entrar en el avión me desplome en nuestros asientos, que por suerte eran los primeros. Ni siquiera vi el despegue. Me quede dormida irremediablemente. 5.- Robert Tyson. Alucinante. Increíble . Magnífico. Así denominé el viaje. Era lo que necesitábamos todos, escapar de aquella maldita ciudad, al menos por un tiempo. Esto era una oportunidad de las buenas. El vuelo no se me hizo para nada largo, lo cual fue un alivio. Elis y Cassy se quedaron dormidas casi en seguida, pero yo no pude caer rendido al sueño. Estaba demasiado interesado en todo lo que me esperaba cuando llegará allí. ¿Qué ocurriría con aquellos meteoritos?. Deberían tener o un tamaño muy pequeño o ser otra cosa. Deje mi mente vagar en todas las posibilidades que se me ocurrían. Y sin más comenzó el aterrizaje. Habíamos llegado a California. Por fin. Las chicas se despertaron con el ajetreo que se escuchaba ahora, toda la gente quería salir la primera. Yo también. -Vamos, nos están esperando seguramente.- Anuncié. Se estiraron y bostezaron ambas a la vez. No pude evitar reírme¿ Hacía cuánto no reía?. Ellas correspondieron con una sonrisa mi buen humor y sin más dilación bajamos de aquel lujoso avión. Aquello era enorme. Su estructura era increíblemente hermosa, pero el agolpamiento de gente impedía disfrutar de aquel sorprenderte aeropuerto. Y pensaba que el de Londres era grande… Sólo habían facturado una maleta y fue una de las últimas en salir, pero no les importo esperar. Al salir encontramos a Tina con un cartel *Bienvenidos Meteoritos míos *. No pudimos evitar alegrarnos de que nos recibiera así. Le di un gran abrazo y le presente a mi hija. -Ves?, Igualitas sois.-dijo dándome un codazo amistoso. -Venga que Matt nos espera en el coche. - ¿Matt?, aún trabaja para ti?. - Claro, campeón, no me gusta cambiar a mis ayudantes, y menos si son buenos compañeros de equipo. Las presentaciones fueron amistosas pero breves. Había mucho camino por delante. -Entonces donde nos dirigimos exactamente?. - Al este de Sierra Nevada, al parque nacional de la Muerte. Irónico eh?. Ya no sonreí, esto ya era trabajo. Matt me informó de que ese parque estaba situado en una zona árida, población de por medio, por ello podían tener tanta tranquilidad para la investigación. Su miedo era por si seguían cayendo más y más en zonas diferentes. Sería un problema bastante grande. Llegaron a la caída de la noche y después del largo viaje, de las cortas paradas…Necesitaban un descanso. Se fueron a dormir todos tras conocer al resto del equipo. Dilan, Jennifer, Stephanie, Gabriela y Víctor. A partir de la semana que viene llegarían el resto de científicos que era expertos en este tipo de fenómeno. 6.- Cassandra Tyson. Aquellos días fueron horribles. No quise decirle nada a nadie, todo el mundo estaba de arriba abajo volviéndose loco con aquella expedición. En varios días habíamos oído y sentido dos explosiones, todos acudimos hacía allí enseguida, pero tardábamos demasiado tiempo y casi siempre llegábamos a buena entrada de la mañana. Yo apenas podía ayudar así que cuando Matt tenía que volver a la ciudad a por algo importante le acompañaba. Así me sentía más útil. Hoy era otro día en el que tenía que ir, pero esta vez tuvieron que ir con él Jennifer y Víctor. Un pedido importante supuse. Vi como se alejaban de allí, deseando de irme con ellos. Mi madre se acerco a mí , me hizo un examen rutinario para saber si había empeorado. -Tú no deberías estar aquí, tú no – Susurraba flojito. Yo sabía que cada día estaba peor, me costaba levantarme, apenas tenía fuerzas para comer, y habían comenzado a salirme moratones por toda la espalda. -Tranquila mamá, en pocos días llegará el resto del equipo y podremos irnos al menos nosotras dos. - Tienes razón. Mantente fresca, cariño. El día fue lento, pero lo superé. Intente buscar a mi padre antes de marcharme a dormir, pero no le vi el pelo ni en el pequeño laboratorio, ni en la cabaña que habían construido allí. Me rendí y me fui a dormir. Escuché inconscientemente el ruido de varios coches. Las risas, las bromas. Volví a adentrarme en los sueños sin apenas darme cuenta. Hasta que oí un gran silbido en el aire, cómo si algo hubiera pasado increíblemente rápido a nuestro alrededor. Luego vino la explosión. Me tape la cabeza con la almohada creyendo que todo esto sería una pesadilla, pero no fue así. Percibí un gran movimiento en el suelo. Aterrorizaba salí de mi tienda de campaña. Todos estaban afuera, Robert y Matt acababan de partir hacia el origen de la explosión. Busqué a mi madre que sin mediar ni una palabra me ayudo a montarme en aquel 4x4 recién estrenado. Vi una clara luz a lo lejos. Parecía fascinante, seguro que era una maravilla poder observarlo desde cerca. Los temblores del suelo finalizaron pasados diez minutos y ahí me sentí más segura. Ya no tenía miedo. Bajamos lo más rápido que pudimos al llegar a donde estaba mi padre, Matt estaba tirado en el suelo. Mi madre corrió hacía ellos y yo también la seguí. Ayudó a Matt a incorporarse y yo mareada como estaba me acerque un poco para verlo mejor . Era espectacular, Había un gran hueco en el suelo producido por el impacto. Era como si el meteorito se hubiera desintegrado y sus partículas se hubieran adherido alrededor de la tierra en la que había caído. Nunca había observado nada igual. Me incliné un poco para ver mejor, y si ya estaba cerca aquello fue demasiado. Resbalé, mientras caía no dejé de pensar en aquel color azulado que resaltaba en el lugar. Sólo me rodeaba él. No sentí el miedo o el dolor. De pronto mis ojos dejaron de ver aquel color tan fascinante e enigmático para mostrarme la absoluta oscuridad. 7.- Robert Tyson. No podía ser verdad, qué era aquello tan fascinante?. No podía esperar para averiguarlo, los pinchazos de la incertidumbre le estaban matando pero todo se fue a pique cuando vio a su hija caer. -CASSANDRA!, NO!.- Grité. Elisabeth que atendía a Matt levantó la cabeza al escuchar mis chillidos y los *OH!* de todo el equipo. Se incorporó de forma impulsiva , tratando de saltar detrás de nuestra hija. La agarré de la cintura y le dirigí una mirada significativa a Tina. Todos nos pusimos a trabajar en cuanto le dimos un sedante a mi mujer. Tina me intentaba tranquilizar diciendo que no había sido tan grave ya que Cass no había caído demasiado. Una gran piedra plana lo había impedido. La subimos con un cuidado extremo, luego la montamos en el coche más amplio que teníamos. Partimos en cuanto despertamos a Elis que no dejo de llorar pensando que su hija moriría. El camino al hospital fue el peor trayecto de mi vida. Por muy rápido que iba, sentía que no llegaríamos a tiempo. Y después de lo que me pareció una eternidad lo vimos. Después todo fue un proceso lento para nosotros. Les informamos del estado de nuestra hija. A la que habíamos tenido que limpiar, pues tenía mil perlas azules por toda la piel debido a la cosa que fuera, que había caído casi delante de sus narices. Aparte tuvimos que mentir sobre que le había pasado realmente, nos inventamos algo más realista, ya que nadie les creería. Había estado haciendo Rapel y que el enganche se había estropeado provocando la fatídica caída. Pasaron varios días horrorosos para Elisabeth y para mí. Cassandra estaba en coma. Los médicos apenas podían decirnos algo sobre su estado, su caída había sido muy grave. Todo esto parecía una pesadilla. Una tarde en la que estaba yo de guardia, ella abrió los ojos y fue como volver a verla a nacer. Pulsé el botón que había tras su cama, en menos de un minuto llegó el equipo médico, ayudaron a mi hija, le quitaron el aparato de respiración asistida, le hicieron las pruebas iniciales por si había daños cerebrales. Todo ocurría tan deprisa que para cuando llegó su madre las revisiones habían terminado. Lloramos ambos sobre el cuerpo de nuestra hija, estaba viva. Las tensiones de aquellos días se desvanecieron. Por fin podríamos despertar de aquel infierno. Esa misma noche el médico que se encargaba de Cassandra apareció tocando la puerta suavemente. Ya que ella y mi mujer dormían. -Hola Robert, puedo hablar en privado con usted?. -Claro, claro.- Nervioso cerré la puerta tras de mí con cuidado -Verás Robert, hemos hecho varias pruebas, analíticas entre ellas y si le soy sincero debe de haber un error, pues su hija sólo está en el comienzo de la LLC -¿Cómo?, eso no puede ser, yo mismo vi las pruebas que le hicieron a mi hija, he visto su estado estos meses, de hecho nos preocupaba que el cáncer avanzará más rápido de lo habitual. - Pues aquí tiene, mírelo si lo ve conveniente, pero ahí apenas encontrará nada, sólo un pequeño desajuste en el crecimiento celular. Se despidió de mi y pensativo volví a entrar en la habitación. Leí los informes con atención, era cierto. Ahí apenas había nada. Estaba en la primera fase. No podía ser… Decidió tomar una decisión. Le pidió al doctor que le hicieran a su hija de nuevo las pruebas. A la mañana siguiente tomaron de nuevo analíticas de sangre y de la médula ósea. Le hicieron otro estudio físico, pero esta vez sería él quien analizará las muestras. Les suplicó que le dejaran comprobarlo de primera mano, porque aquello le parecía demasiado irreal. Cuando estuvo ante el microscopio y observo aquello parecía estar incluso mejor que en las imágenes de anoche. Todo tenía un nivel normal. Aumento el zoom y observo las células detenidamente. Había una pequeña casi invisible membrana azulada que parecía impedir la reproducción alocada celular. No podía ser verdad. Le sonaba tanto aquel color… A su cabeza le vinieron imágenes de Death Valley, aquel enorme hueco iluminado con millones y millones de puntos azules. Salió temblando del laboratorio sin que nadie lo viera con una copia de los documentos y con los frascos de las muestras. Le contó a su mujer lo que había visto, no podía dejarlo así, era imposible. Tenía que averiguar que era aquello. Llamó a Tina que le recogió y le llevo a donde había comenzado todo. -Robert, éstas seguro de lo que haces?, Has pasado por mucho estrés, seguramente sea una ilusión óptica producida por el cansancio. Le tendí los papeles y cuando entramos en el pequeño laboratorio que había en la cabaña puse la muestra. -Fíjate por favor.- Le pedí ansioso. Tina se tomó su tiempo. Cuando vio lo mismo que yo se quedo rígida en el sitio. -¿Qué puede ser Robert?, No sabemos nada de esto, tal vez sea peligroso, deberíamos informar en el hospital, y no sólo allí, si no a todo el mundo. – Hablaba demasiado rápido de los nervios. -Tranquilízate Tina sigue observándolo, tal vez descubras algo, yo voy a ir allí. Tenemos que tener más, sea lo que sea. -Ten cuidado, por favor. Di la vuelta y me monte en el 4x4 que estaba más adelantado. En cinco minutos llegue sin apenas enterarme de que pisaba el acelerador como si me fuera la vida en ello. Recogí en un par de frascos todas las pequeñas piedras que podía alcanzar y volví. Al llegar Tina estaba pálida. Antes de que me contestara el móvil comenzó a sonar, al ver que era Elisabeth lo cogí sin dudarlo. Ni siquiera me dejo preguntarle que le pasaba. -Robert!, Robert!. Cassandra está muy rara, no deja de toser, taquicardias cada cinco minutos los médicos le han dado calmantes, y no parecen hacerle efecto. Colgué y me fui sin tan siquiera esperar a que la petrificada Tina reaccionará. Cuando llegue a la planta en la que se encontraba mi familia escuche los gritos de mi mujer acompañados de un pitido insistente que me resultaba terriblemente familiar.. -CASSANDRA!, CASSY, POR FAVOR, VUELVE,VUELVE!, NO TE VAYAS!.- Suplicaba a voces Elisabeth. -Enfermera, por favor saqué a la madre de aquí!. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Quise reaccionar, correr, decirle a mi hija que se quedara como decía su madre pero un vacio se había instalado en mi, tenía la terrible sensación de que ya nada podrían hacer por Cassy. Llegué en el momento en el que la máquina había dejado de sonar, y eche de menos su sonido, porque al menos habría algo que no fuera el desconsuelo del silencio. Dos enfermeras recogieron a Elisabeth que lloraba desconsolada en una esquina de la habitación. Me sentí un intruso allí. Como si en realidad sólo hiciera daño. Lo peor fue ver a mi hija. Su rosto estaba mortalmente pálido, sus ojos me atemorizaban, estaban completamente azules. ¿Qué demonios era aquello?. Baje la mirada intentando hacerme a la idea de lo que había ocurrido en tan poco tiempo. No podía ser verdad. No, no ,por qué a ella?. Se llevaron el cuerpo de Cassandra, y apenas fue consciente de las siguientes horas. Hasta que llegó un médico diciéndole lo mucho que sentía su pérdida, que fuera a la habitación en la que se encontraba su mujer la cual había tenido una crisis nerviosa. Me levante como un autómata, como si mi cerebro me obligará a hacer algo de lo que yo apenas me enteraba. Fui consciente de todo al encontrarme abrazado al cuerpo de mi mujer llorando como si fuera un bebé recién nacido. 8 . Tina Tempest. Un virus, un maldito virus. No tenían ni idea de él y llevaban semanas investigando sobre todo lo que provocaba en cualquier persona. Era tan extraño… Había llamado a Robert miles de veces para preguntarle cómo estaban, pero desde que la informaron del fallecimiento de su hija, no había vuelto a saber nada de ellos. Su equipo y ella misma se habían recompuesto del impacto inicial y ahora trabajaban con sumo cuidado con aquel material, temerosos de poder contagiarse. El procedimiento de aquel virus al que le habían dado el nombre de Zero resultaba hasta cruel. Atacaba principalmente a la médula, los pulmones y por último el corazón. Aquello no era normal ni en los virus más agresivos. Todo acababa tan rápido en cuanto te contagiabas. Los síntomas eran claros, se podían observar en varios días, en una semana estabas muerto. Una tos incontrolada, falta de aire, taquicardias constantes Esa misma noche Robert se presentó allí. Me contó que Elisabeth había intentado suicidarse varias veces, estaba totalmente destruida. Ahora tenía un hombre que la vigilaba noche y día ,que en ocasiones como esta en las que Robert no se encontraba en la casa que yo misma les había dejado dejaba a Robert mucho más tranquilo. Me relató cómo había sido capaz de firmar un documento en el que le permitían asistir a la autopsia de su propia hija si no denunciaba al hospital por daños morales. Su hija tenía la lengua completamente azul, así como todos los órganos principales. El forense no encontraba ninguna explicación conocida, al final había puesto en el informe que la muerte de Cassandra había sido por un colapso en los pulmones y un infarto. Yo le conté por mi parte todo lo que habíamos averiguado del virus. Eso pareció interesarle a Robert, el cual puso mucha atención en cada cosa que decía al respecto. Eso hizo que tomará una decisión al respecto. Vi el odio en su mirada, su rabia contra la vida misma. Cuando me pidió muestras del virus se las deje. Unas diez muestras estaban en su poder, poco después se fue. 9. Robert Tyson. Pobre Tina, no se imaginaría jamás lo que haría con aquellas muestras . Le había dado 4 a Elisabeth, le dije que podía frustrar su rabia con quien quisiera, que pronto todo acabaría. El mundo les había traicionado, y ellos traicionarían al mundo. En una semana consiguieron dinero suficiente para volver a Londres, donde acabaría todo. Yo era consciente de lo que iba a hacer, tenía la creencia de lo que hacía estaba bien, nadie podría pararle. Ni siquiera nos instalaron en la casa cada uno fuimos por nuestro lado, buscando venganza. Cuando observé la que había sido hace un mes mi empresa, sentí asco. No sólo por el estúpido error que había cometido, si no porque aquel lugar ya no era mío. Había trabajado tanto para que un traidor le quitará de un plumazo sus sueños. Entré y sin mediar palabra con nadie me en la cafetería común de los empleados. Vertí dos frasquitos en la bombona de agua. Otros tantos en la máquina de café. El último se lo debía a Smith. Había hablado antes de realizar aquel viaje con el abogado de su empresa. Hoy nos reuniríamos todos en el que hace tiempo fue mi despacho. Subí intentando relajarme para aparentar calma y confianza en mismo. Ya no quería recuperar nada. Tan sólo que él sufriera, que todos los que trabajaban ahí, pasaran por lo mismo que Cassandra. Entre sin llamar y ahí se encontraban ambos abogados junto a Christian Smith. No deje de mirar la bombona de agua que había aquí, en cuanto se distrajeron un poco vertí el último frasco allí dentro. Llené varios vasos de agua y los coloqué sobre la mesa. Apenas se notaba el tono azulado color cielo que había adquirido el agua. Jamás sabrían lo que les ocurriría. Los tres bebieron aquella agua, y no pude reprimir un pequeño gesto de realización conmigo mismo porque nadie pudo detenernos. Habíamos explotado hacía tiempo, pero nadie escuchó nuestra rabia. Yo actué conociendo las consecuencias de mis actos, ella apenas era consciente de la vida misma. El virus resultaba imparable y letal. En esos últimos momentos de vida sentí los pinchazos inconfundibles de cada error que había cometido, pensé en todo lo que había perdido y en todo lo que había conseguido que perdiera la humanidad. O eso creía Robert Tyson -10. Final. Robert Tyson regresó a casa con su mujer Elisabeth. Ella había vertido dos botes en casa de John Kayler y otros dos en el hospital en el que trabajaba. La policía encontró los cuerpos del matrimonio a la semana, tras las insistentes llamadas de Tina. Ambos yacían en la cama de la que había sido su hija, Cassandra. No se dieron noticias de más muertes en la ciudad. Tina Tempest había engañado a Robert, dándole sólo unos pequeños frasquitos con líquido azul, porque ella había visto sin esfuerzo el odio y la locura de su amigo. Siguió estudiando a Zero, el virus más peligroso conocido hasta ahora. Ella y su equipo acabaron falleciendo por un escape del virus, lo cual permitió a grandes empresas internacionales hacerse con él, y intentar así investigar que componía a este virus y sobre todo de donde había salido. Algunas de esas empresas utilizan las investigaciones para hacer de Zero un arma letal. Lo que nadie podía saber es que un gran científico Evan El´edgar el cual había trabajado junto a Robert, encontraría una mutación del virus, que lo hacía la cura definitiva contra el cáncer de Leucemia.

domingo, 20 de enero de 2013

Nivel Zero

Prologo. En 2012 el mundo terminó. Devastadoramente todo ser vivo quedo aniquilado… Nadie tuvo tiempo de despedirse, ni tan siquiera de asustarse, simplemente todo murió. No fue un hecho espectacular , ni horrible, todo quedo vacío,sin vida. Zero había actuado como su cometido exigía, todas las células morían al entrar en contacto con él. Lo que se pensaba que ayudaría para solucionar la vida de miles de millones de seres vivos, terminó con cada uno de ellos. Los científicos no siempre tienen la razón, a veces pierden la cabeza, se equivocan,pero esta decisión tendría un alto precio. La decisión de Robert Tayson . El mundo necesitaba un cambio pero no uno cualquiera, sino lo bastante grande como para que los 6.676.120.288 millones de habitantes reaccionarán y transformarán su forma de vida. Robert Tayson científico famoso por todo el mundo se transladó a España para comenzar su nuevo proyecto, el proyecto de su vida pensaba él. Revolucionaría al mundo entero. Todo tenía un comienzo y cuando le habían llamado para suplicarle que fuera a Madrid a dar una conferencia sobre la bacteria que había encontrado no pudo negarse, claramente se sentía orgulloso de su trabajo, nada podía pararle excepto tu mujer, Elisabeth. Ella siempre le había apoyado en cada proyecto, en cada investigación y en cada una de las decisiones que había tomado, pero llevaba unos meses desquiciada con esta nueva bacteria a la que habían nombrado como Zero. Él tan ilusionado como estaba no podía pararse a pensar en los pros y contras que suponía el encuentro, él no sabía lo que causaría aquel hallazgo para la humanidad ni para su propia salud mental. El fin del mundo tal y como lo conocían actualmente. Las dudas de Elisabeth Tayson. Tras tantos años de investigación y de apoyo incondicional a su marido, él había encontrado lo que buscaba, una fusión de moléculas que podrían salvarle la vida a cualquier ser vivo, regeneraba todo aquello que había sido degradado. Ella aún no podía creerlo, hicieron pruebas, funcionaba era cierto, pero ella había visto que no todo era tan maravilloso como él creía,algo les ocurrió a las pobres ratas Daune y Rabi. Un día desaparecieron, cuando Elisabeth fue a verlas, no estaban. Le preguntó a su marido y tras una negativa furiosa supo que algo no iba bien. A las semanas su hija había ido a contarle lo que había encontrado enterrado en el jardín. No era para su sorpresa lo que había ocurrido, el experimento había fallado. Ella no tenía ni idea de que había podido ocurrir pero sí ,falló, lo peor no fue eso, lo horrible fue que presenció como aquellas pequeñas roedoras comenzaban a moverse , a despertar, como se regeneraba cada parte de su cuerpo.Volvieron a la vida sin más y eso superaba todo lo que ella creía sobre la vida. Se las llevo a su marido y su mirada le delató, él sabía que habían muerto, por eso verlas ante él como si no les hubiera sucedido nada le afectó, derramó lágrimas de tanta felicidad que su mujer apenas podía entender. ¿ Debería de haberse alegrado por ese hecho tan extraño?. No le encontraba sentido como era posible que él sí lo hiciera. Al dinal he podido escribir un poco..

Escribir y Vacío.

Tengo la estúpida sensación de que todo lo que hago no vale de nada, que cada minuto siento que cometo un error.Tengo la sensación de sentirme vacía, cómo si hubieran absorbido mi vitalidad y mis ilusiones y las hayan alejado tanto que tan siquiera pueda agarrarme a algo sólido. ¿Qué hago ante tal infierno?. Desahogarme con alguien? ¿ Para qué? ¿Palabras de consuelo?, Qué consuelo puedes dar a una persona que no ve su futuro de ninguna de las maneras?. Aquí estoy, escribiendo, a veces me siento más aliviada cuando veo cada frustración aquí plasmada pero hoy parece que nada funciona y tengo la mente bloqueada... Me gustaría escribir la historia que tenía pensada para un concurso, pero no creo que sea el mejor día para comenzar, y menos así. Estoy desquiciada.. Vida, hija de pu...¿Por qué coño eres tan jodida? Dame un poco de paz no? O es que para vivir en este mundo tengo que ser una cabrona como tu?.

miércoles, 16 de enero de 2013

Metas,mentiras y cosas varias.

Cuando comienza el año el 98% de la población se propone alcanzar nuevas metas en su vida, metas que si no consiguieron en el anterior,ni en el anterior de el otro año piensan que este SI PODRÁN,pues no hijos no. Tal vez necesiten 30 años para conseguir esa meta o tal vez jamás xD. Intentamos engañarnos a nosotros mismos... Es..,como cuando mentimos a alguien, y pasan los años y mantenemos esa mentira taaan firmamente que nos la creemos nosotros, vaya que nos acabamos engañando a nosotros mismos, tal vez por miedo a que te pillen deseas creerte el cuento más que nadie, y ahí están las personas que saben mentir y muy bien, a mi me pasaba eso antes, sin darme cuenta o le mentía en algo a mi madre al final me lo creía yo también para no sentirme mal y para que no se diera cuenta de que le había engañado vilmente... Al final te das cuenta de que hagas lo que hagas y digas lo que digas o creas lo que creas tu y solamente tu eres consciente de hasta donde llegas,que has hecho y que no y si estas seguro de que podrás conseguir algo que antes no habías logrado. No es que yo vea mal las metas de nuevo año (estamos a 16 de enero y para mi ya es un año de mierda WIIII) -si lees y no sabes el por qué de eso mira la entrada anterior- mi meta de este año es aclararme en que quiero hacer,porque estoy hecha un lío,no por lo que quiero,osea eso si sé que es, pero no el como conseguirlo lo veo taaaaaaan imposible tan lejano y efímero que estoy casi segura de que siempre será un sueño imposible o algo por el estilo..uhm.. (otra persona que tiene metas, Veis ? SON ADICTIVAS!) -Nada es imposible. -A ver tócate la espalda con la rodilla positivo de mierda. PD: para aquellos -como yo antes- que pensaban que nada es imposible que con empeño todo se puede,que si quieres puedes... M-E-N-T-I-R-A. xD

miércoles, 9 de enero de 2013

Abuel@s

Hola.. Os echo de menos sabéis?.... No te das cuenta de estas cosas cuando tienes a quien quieres cerca,cunando no temes que un día de un plumazo desaparezcan de tu vida, que no puedes hacer nada para evitarlo.. Tengo unos últimos recuerdos de mi abuela Carmen, en verano si mi memoria no me traiciona,estaba ya regular y eso cuando aún se tenía en pie,también recuerdo haberla visto en cama, pero nada más. La última vez que vi a mi abuelo yo estaba llorando por una discusión con mi mejor amiga... y a mi Abuela, la vi por última vez el 25 de diciembre de el año ya pasado. Ni siquiera pude darle un beso por el año nuevo. A veces me gustaría que supieran cuanto los quiero a cada uno de ellos,mi última abuela si lo sabía, y también sé que ella me quería como si fuera su hija. Qué puedo deciros?.. Ojala vivierais mis triunfos y mis derrotas,mis errores incorregibles y los actos que otras personas jamás harían, pero ya nunca más podréis ver nada de eso y cada vez que lo pienso es como un vacío en el corazón al tener la certeza de que no volveré a veros,ni abrazaros,ni contaros nada y mucho menos deciros que os quiero con todo mi corazón,que seréis siempre una gran parte de mi,que sin vosotros no tendría la familia que me habéis dado. Echaré tanto en falta vuestras sonrisas,regañinas,halagos,cariños... Y que cada vez que ocurra algo importante en mi vida pensaré en vosotros.Siempre. +Ayer pude ir a ver a mi madre y no fui.. +mi hija esta de testigo. +Hoy quiero verla. +Y no puedo