Sumergete en tu propio corazón

lunes, 6 de junio de 2016

El Masaje

Todo empezó cuando me pidió amablemente que me desvistiera y yo  con  gusto lo hice, estaba muy preparada para ese momento, lo deseaba desde hacia tanto tiempo...

Me tumbe en la  enorme y maravillosa cama boca abajo impaciente por sentir sus manos tocando mi piel.
Mientras yo esperaba, comencé a escuchar una música de lo mas hipnotizadora y relajante, las luces se apagaron y supe con certeza que iba a comenzar.

Y así fue, escuche el sonido de la crema en sus manos, frotándolas en ellas para que yo no sintiera frío cuando rozara con ella mi piel.

Empezó por la parte baja de la espalda, dándome tanto placer  con su  atrevimiento  que no pude evitar que se escaparan de entre mis labios suaves gemidos de placer.

Se puede decir que me quede tan relajada con ese roce, que podría haber terminado ahí, hasta que se le ocurrió apretar más en esa zona y no pude evitar gritar de dolor.
A sabiendas de que esa zona me dolía demasiado, suavizó sus manos y comenzó a recorrer el resto de mi espalda de tal forma que volví a relajarme y a gemir constantemente.

Toda la tensión acumulada en la espalda desaparecía por donde sus manos trabajaban.

Curiosamente, en las zonas donde más dolor sentía, cuando posaba sus manos ahí comenzaban a arder y yo notaba ese calor como un regalo que me entregaba, agradeciéndole ese regalo con toda mi alma por la calma que hacia tiempo que no sentía.

Continuó por los brazos, las piernas, los pies...
Indescriptible, maravilloso, puro placer.

Terminó acariciándome suavemente por cada zona, sintiendo al final un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.

Nadie, podrá igualar aquella sensación de liberación total aunque solo fuese por un período de tiempo que se me antojó demasiado corto.

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