Sumergete en tu propio corazón

miércoles, 8 de abril de 2015

Ella. El Corazón

Ella paseaba por la calle sin un rumbo fijo, sumida en sus propios pensamientos.
 Entonces le vio y todo aquello que podía haber en su cabeza se esfumó mientras el corazón le latía fuertemente sin apenas dejarla respirar. Sus ojos se cruzaron  durante una fracción de segundo,  él simplemente acabo  apartando la mirada y continuó caminando.
 No miró atrás, pero ella sí, como tantas otras veces volvió la mirada al pasado.
Recordó cada beso dado,cada caricia,sonrisa, cada noche y suspiró como todas esas veces.

Había transcurrido tanto tiempo que seguramente él ya había borrado cada recuerdo,pero ella no, ella los tenía perfectamente cuidados, colocados y guardados detrás de una caja acorazada en su corazón,  y los observaba un día tras otro.
 Durante unos momentos vivía aquellos momentos una y otra vez.

Eso no significaba que siguiera doliéndole aquella historia que hacía mucho que había terminado, pero rememoraba cada vez que su corazón quería salir de su cuerpo, cada cosquilleo en el estómago y cada noche de sueños y lo extrañaba, extrañaba cómo su corazón revivía con cada recuerdo.

Ella solía preguntarse cómo se recuperaba un corazón del primer amor y tras unos años asumió que nunca se recupera, permanece adormecido, no cree en los " para siempre" ni en los "tu y yo contra el mundo" y mucho menos en los "No me importa de donde seas mientras vengas a mi"
Ella decepcionada y dolida lo comprobó con hombres increíbles que hubieran bajado la luna para ella,  y se enfadaba con su pobre corazón cuando en los momentos de pasión notaba el frío de su corazón mientras que el de su amante ardía. 

Mientras todo eso pasaba por su cabeza, ella se giró y siguió su camino, no volvió a mirar a atrás, no merecía la pena porque en sus recuerdos ni siquiera había una cara o un cuerpo, tan sólo era una sombra que avivaba su corazón como nada en esta vida...

Y caminó, aumentando el ritmo de sus pisadas, y sonrió como hacía mucho que no podía hacerlo, porque ella, al menos había conocido el amor verdadero.

Fuera una mentira o una farsa, sus sentimientos eran los más codiciados en el mundo y tenía cada uno a buen recaudo en su corazón, era suyo y de nadie más.

Tan sólo eso importaba.







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