Sumergete en tu propio corazón

viernes, 13 de mayo de 2016

X

Existe esa estúpida tortura que nos hacemos a nosotros mismos cuando pensamos en que hubiese pasado si hubiéramos tomado otro camino, otras palabras, otras acciones. 

Tal vez no todo al mundo le pase, pero yo soy de esas gilipollas que sí lo hace. 

Soy de esas gilipollas que se acuerda de las personas que ya la tienen más que olvidada y superada. 
Y por supuesto también soy esa gilipollas que sigue queriendo a alguien a la que ya no la quieren. 

Hace relativamente poco me encontré con una de esas personas de las que me acuerdo y de las que sigo queriendo (aunque a  esta persona en sí no es una persona cualquiera, era como mi otra mitad)
Y fue absurdo. El saludo más triste que he tenido nunca, además, incómodo. 
Tuve que apartar la mirada porque me iba a echar a llorar y eso que me lo había estado pasando genial.
Fue verle y se me formó un nudo en la garganta. Y quería decirle mil cosas, pero tan sólo pude levantar la mano tontamente y apartar la mirada.

Me pregunto como se llegó a ese punto.

Y en ese momento también me dí cuenta que no lo voy a superar nunca por mucho que haya avanzado en mi vida. Aunque a veces puedo desahogarme mandando mensajes que nunca leerá.
 
Por lo demás, estoy muy orgullosa de mi misma. 

En este año largo que ha pasado, he aprendido a quererme y valorarme a mi misma, trabajo, estudio y disfruto de mi tiempo libre. He aprendido a aceptar los días malos y superarlos.

Hace ya un año que no tengo cicatrices nuevas  en mi piel, aunque la última fue la que más dolió.

Me he dado cuenta de que hay cosas que no se pueden superar por mucho tiempo que transcurra y que no tienen solución.

Esa persona, siempre será mi persona, aunque ya no sea la suya.
Mientras sea feliz, todo esta bien. 

Tengo escrito en un pequeño cuaderno todos mis sentimientos hacía a ti. 
Todas aquellas cosas que nunca supe como decir.

Todas las risas, los besos y las caricias que nunca podrán ser.

Tengo escrito en un pequeño cuaderno todas las peleas, la rabia y la impotencia de lo que mi voz no supo expresar. 

Tengo escrito en un  pequeño cuaderno las miles de veces que te decía cuanto te echaba de menos.

Y ese pequeño cuaderno es capaz de llorar, por todo lo que yo ya no soy capaz de hacerlo.










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