Sumergete en tu propio corazón

sábado, 9 de mayo de 2015

Inocencia

No dejo de pensar en las cosas que me han contado cuando era pequeña, algunas las he visto en viejos videos, de otras me acuerdo con bastante claridad.

Mis tíos y mis padres me contaron que era una niña peculiar, cuando me caia, solía  reírme  y levantarme  como si nada. No me importaba, era sencillo. Te caes, te sacudes  y te levantas. No puedo  evitar la comparación  ahora. ¿Por qué  resulta tan doloroso levantarse?, me lo imagino todo en mi cabeza, noto que cada vez que me consigo poner en pie se han clavado  en mis manos cientos de cristales  que conseguian que me quedara en el suelo un poco más. Supongo que ahí  está la diferencia.
Cuando eres pequeño no hay cristales de por medio,no temes que algo externo te dañe  como para preferir  que te quedes tirado en el suelo, te caes tu, te levantas  tu e incluso sonríes, pero oh.., cuando otra persona es la que te empuja, es mucho más difícil.
Tienes que clavarte  cada parte de ti que se ha roto y cuando te das cuenta de que ya no encajan las piezas, te las arrancas, con mucho dolor y llanto, una a una.

Otro recuerdo que me viene a la mente...
Tenia dos años aproximadamente, tal vez incluso cuatro. A mi prima y a mi nos habían  regalado unas cocinitas portátiles  de juguete  y ella quería jugar, intentaba llevar la cocina  a una habitación y en el trayecto se la tire al suelo muchas veces, ella lo recogia  y yo volvía y yo volvía  a tirarlo.

Rompo cada cosa que toco, es algo así, no sé  tal vez no estoy pensando  con claridad, pero soy como un huracán, pérdida  y furiosa en la nada, cada vez que me acerco a algo o alguien lo destruyo.
Duele pensar  así  de uno mismo, pero a veces hay que enfrentarse a la realidad.
Tal vez no deba dejar que nadie me quiera, porque al fin y al cabo  todo se quedará  en ruinas.

Y otro de los recuerdos  que me ha marcado , fue en casa de mi abuela, aquí yo tenía  ya por lo menos 17 años, una de las mejores y peores etapas de lo que llevo de vida.
Reía  mucho y lloraba también, esto último  sobre  todo en el baño.
Mi abuela me dijo un día:
- Para estar adelgazando tanto,  te ries  mucho.
+ Claro, me siento bien, para qué  amargarme?
- Todo lo que ríes, luego lo lloras el doble.
+ Bueno, pero por ahora me río.

Es cierto, al final  lloras, sientes que te quieres  morir, que la vida es una mierda y que nada merece la pena. Llenas tu corazón de rencor y vacio.

Por otra parte, sientes que merece la pena reír, aunque sea un momento efímero, aunque recuerdes más  la tristeza y el dolor.

Extraño esa inocencia e ingenuidad.
Pero el mundo te golpea,tu golpeas, aprendes  y vas quitando piezas de ti mismo.

Ay, recuerdos.

Vivimos de ellos aparte  del presente y de las esperanzas del futuro.

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